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Historias de Terapeutas Cros-culturales: Sobredosis de mindfulness y meditación,¿Y si no es para mí?


Hay que reconocer el merecido mérito del enfoque llamado “Mindfulness”, cada año parece que es el último gran invento de la salud mental, la novedosa píldora mágica para lidiar con el estrés, la depresión, los problemas con otras personas…


En 2023 seguimos considerándolo “a la moda” cuando lleva con nosotros más de 30 años como Mindfulness y miles de años como Meditación.


Sin duda las prácticas Mindfulness y programas protocolizados como el MBSR, MBCT, MSC han sido validados científicamente y nos han dado interesantes herramientas para cuidar nuestra salud mental, pero también vemos semanalmente en consulta a pacientes muy frustrados o decepcionados con la práctica de la meditación.


Es necesario tratar de explicar por qué herramientas tan útiles llegan a producir esta sensación en muchas personas.


En primer lugar, como en todas las tendencias ocurren varios fenómenos:

1. Se recibe un bombardeo de información al respecto

2. Es difícil elegir una fuente fiable

3. Comenzamos a compararnos con los demás

4. Se convierte en una exigencia (si, paradójicamente lo que debería de ser un método de auto-cuidado se convierte en una auto-exigencia)

5. Termina en frustración y abandono.


Por otro lado, la cantidad de apps y plataformas que nos ofrecen herramientas de meditación nos complica su elección y nos hace no despegarnos de la tecnología y de la infinita lista personalizada y automatizada de recomendaciones de videos, audios, imágenes…


Esto no solo dificulta la elección por la cantidad de opciones disponibles sino que estimula nuestros sistemas de recompensa y nos lleva a alimentar el estrés del que queremos liberarnos con la práctica de meditación.


Pero lo más importante para mi es esta última variable: la falta de educación previa en qué es mindfulness, qué es esto de la conciencia plena con el momento presente. Es común que muchas personas comiencen a practicarlo con un audio de meditación, lo cual en principio no está mal, pero si que está descontextualizado cuando lo que queremos conseguir es mejorar nuestra salud mental, creatividad y/o rendimiento.


Con la práctica de Mindfulness podemos llegar a relajarnos, incluso a conciliar el suyo, pero debemos de entender que este no es su objetivo principal. La práctica de Mindfulness es un entrenamiento de la atención. La meditación formal es tan solo una herramienta para este entrenamiento como tantas otras.


Entrenar la atención para volver al momento presente no nos liberará de las distracciones, los pensamientos difíciles o las emociones desagradables, pero si que nos permitirá aceptarlas sin luchar contra ellas y reenfocarnos en otra cosa a continuación.


La meditación formal, igual que algunas prácticas de yoga o los estiramientos conscientes son herramientas para entrenar esta atención , para llevar nuestro foco de nuevo a la respiración, la asana o una parte del cuerpo cuando notemos que nuestra mente se va a cualquier otra cosa.


De la misma manera cuando caminamos de forma consciente, cuando por ejemplo salimos a pesar sin escuchar música o un podcast, cuando estamos prestando atención al paseo, a lo que vemos, olemos, sentimos, en esos momentos también estamos practicando mindfulness o como lo podríamos llamar “Mindful-Walking”.


Cuando tenemos una conversación con alguien con la intención real de escuchar y compartir en lugar de pensar en otra cosa o simplemente en qué responderemos a continuación, en ese momento también estamos practicando mindfulness o “Mindful-Communication”.


Cuando comemos o nos damos una ducha de forma consciente, sin escuchar otra cosa y aceptando los pensamientos y juicios que vengan para volver a enfocar nuestra atención en la comida o el agua, el jabón o los aromas sobre nuestra piel, en ese momento también estamos practicando mindfulness o “Mindful-Eating” o “Mindful-Showering”.


Y así podríamos continuar con tantas actividades como la concentración en el trabajo, el estudio, el baile, la lectura, la escritura…


Es necesario recordar que además de las tendencias y las múltiples herramientas tecnológicas que podemos encontrar, la práctica de mindfulness es simplemente el entrenamiento de la atención, con dos aspectos principales:

1. Asumir que vendrán distracciones, pensamientos y emociones difíciles y aceptarlas en lugar de luchar contra ellas.

2. Redirigir nuestra atención aquello que estemos haciendo en el momento presente: respirar, imaginar, caminar, conversar, estirar, leer, trabajar, escribir, aprender…


Sin por supuesto olvidar la clave más importante:

Da igual cuantas veces se vaya tu atención, no importa si te distraes una, diez o diez mil veces, tampoco esto significa que no hagas mejor o peor. Lo único importante es la intención de volver al momento presente, sea lo que sea lo que estás haciendo y sean cuantas sean las veces que tengas que volver.


¿A qué puedes reenfocar tu atención en el día de hoy?

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